lunes, 17 de agosto de 2009

Número 52: La feria del libro en la Plaza de la Constitución

Me parece oportuno mencionar, para quienes vivan en la ciudad de Guatemala (y para quienes no, pues que tomen un avión, un tren, un barco, qué sé yo...), que en estos días (y me parece que hasta el sábado 22 de agosto) se está realizando en la Plaza de la Constitución de nuestra queridísima Ciudad, la Nueva Guatemala de la Asunción, la feria del libro (no sé realmente cuál es el nombre exacto de la feria).

Hay excelentes puestos de libros nuevos y usados (prefiero estos últimos, ya lo sabéis), así como excelentes son muchas de las ediciones que podemos encontrar. Contrario a lo que dicen de que en Guatemala no se puede leer, ya sea porque es muy caro o porque no se encuentran los libros que uno quiere, he de decir que me encontrado con libros muy buenos en estos puestos; o al menos muy interesantes; ya, interesantes para mí, pues. Pero no cabe duda (a mí, al menos) que es posible encontrar maravillosos ejemplares de la especie que nos gusta más: ya sabemos, los libros.

Vaya a echarse una vuelta, estimadísima persona lectora, y busque y/o encuentre alguna maravilla. Hay para todos los gustos: caros, baratos, nuevos, usados, buenos y malos.

*Imagen (se las debo, no hay fotos disponibles en la red, pero créanme, está muy bonita la feria ;)

jueves, 6 de agosto de 2009

Número 51: La vida privada de Sherlock Holmes


"La preeminencia del antihéroe: el paladín de la deducción es, en realidad un morfinómano de ego insufrible, con una incapacidad manifiesta para aplicar la lógica y - para consternación de un escéptico Watson - con una fortuna francamente indecente."

Sinópsis encontrada en Relaciones, agosto 2009, del CCE/G (Centro Cultural de España Guatemala)

Ahora veamos. O la persona que hizo la sinópsis no ha visto el filme, o no ha leído nada sobre Sherlock Holmes, o ya no se acordaba, pero nada qué ver, muchá (voz equivalente a muchachos, muchachada, en buen "chapín", siendo ésta última palabra el apodo regional de los guatemaltecos: que porque el árbol de chipín, que por el corcho, que por el alcornoque, que por los chapines de oro de ciertos zapatos, que porque bla, bla, bla... mejor un día hablaremos acerca de Juan Chapín, especie de sidekick al más puro estilo de las novelas de Julio Verne, quien fuera inventado por José Milla y Vidaurre, iniciador de la novela histórica guatemalteca y muy criticado por Enrique Gómez Tible, a quien le llamaran peyorativamente los otros muchachos "comestible" y que por eso tomara mejor para sí los apellidos de su padre Gómez Carrillo). Quiero decir, si Vd. ve el filme, fino lector, aguda lectora, seguramente se dará cuenta que es algo completamente distinto de lo que expone mi cita. Y si Vd. se toma el tiempo de leer algunas de las aventuras del buen Holmes, podrá apreciar que su ego no era insufrible, su pendantería era más bien simpática (me recuerda a la mía, jajajajajajaja), y su consumo de drogas era cometido, simple y llanamente, con descaro. ¿Quién no ha oído hablar de la afición de Holmes por ciertos estupefacientes? Cocaína, morfina, su afición rayaba en la adicción. Si no estaba en actividad se deprimía, y tenía que estimularse por medios artificiales. Por otra parte, ¿en qué parte del filme se menciona la morfina? quizás se haga alusión, más bien, a la solución al siete por ciento de cocaína, ya que Holmes se inyecta esta droga, pero no recuerdo haber escuchado algo sobre la dosis.

La vida privada de Sherlock Holmes, sería como un universo expandido del mito canónico de Sherlock Holmes. El universo expandido es el nombre que se le da a las obras derivadas de la mitomanía... digo, mitología de Star Wars, ideada por George Lucas, son obras que están aprobadas por el mismo Lucas, pero que han sido escritas por otros autores, estas obras narran aspectos que van más allá de lo expuesto por Lucas, pero en consonancia con el mito central. De la misma manera, pero sin la aprobación de Arthur Conan Doyle y cometiendo algunas imprecisiones en el proceso, Billy Wilder, nos narra una aventura, posible pero improbable, dentro de la historia del legendario Sherlock Holmes y, en efecto, el detective comete errores, falla, fracasa, pero no porque posea una "incapacidad manifiesta para aplicar la lógica" sino que, por el contrario, es excelente en cuanto a las deducciones lógicas delimitadas a un caso específico, pero carece de esa visión global de su hermano "más inteligente", Mycroft Holmes (sin relación con Microsoft, jajajajajajaja, se que es una fomería, pero no podía evitarla... jajajajajajaja).

Acerca de que el señor Sherlock Holmes sea dueño de una fortuna francamente indecente, no sé si la fortuna tenga algo que ver en esto. Más bien, Sherlock era víctima de un fatum, de una moira más temible que la que acosara la vida de cualquier héroe de la mitología griega, y esta "forza del destino" se llamaba Arthur Conan Doyle. Elemental, mis queridos lectores (jajajajajaja, está resultando muy divertido escribir este post). Verán, como todos sabemos, cuando Sir Arthur se cansó de la fama del tal Sherlock, lo mandó al otro mundo, haciéndolo caer de un precipicio a manos del archinémesis creado de manera idónea para la ocasión, el Dr. Moriarty.

Verán también, mis amigos, Doyle hizo fracasar a Holmes en ciertas ocasiones. Es decir, una derrota no sería nada nuevo para Holmes, pero el total desconcierto en que se encuentra en el filme de Wilder es algo digno de mención. De hecho, ya que mencionamos las derrotas o fracasos de los héroes de ficción, hay que entender una regla básica de esta clase de literatura, nada hay más aburrido que un héroe perfecto (como alguna vez dijera Mike Carlin, el editor en jefe de la serie de revistas de Superman en los años '90... o quizás fue J.G. Holguín, traductor de la editorial Vid... la verdad no recuerdo, pero fue alguno de los dos); pero he de anotar que también se torna aburrido un tipo que sólo encuentra vicisitudes en su camino, hasta peripatetismo.

Acerca del ambiguo Sherlock Holmes de "La vida privada...", a veces uno no sabe qué pensar. Pero, a mi criterio, de ninguna manera es un tipo insufrible, más bien es agradable, con todo y su flema británica. A veces, esta naranja mecánica de la deducción llamada Sherlock Holmes, produce ciertos destellos de humanidad. No es algo malo, después de todo. Más bien me recuerda al Batman de "Mask of the Phantasm" o al de Batman Year Two, que no es lo mismo pero es igual (como dijera "Eshe Rodríguez"). Esto último es, más bien, lo privado que nos enseña el filme porque todo lo demás ya se mostraba explícita o implícitamente en la obra de Doyle, aparte de descartar ciertas supuestas exageraciones cometidas por Watson en sus narraciones, como el hecho de que el buen doctor aumentara considerablemente la estatura de Sherlock.

Ah, y la música del filme es magistral. Esas cuerdas con dejos de impresionismo francés son capaces de conmover hasta los corazones más duros (mea culpa).

¿Qué puedo decirles, personas lectoras? Pues, claro que les recomiendo el filme. Cliquee aquí, y será transportado a Youtube, en donde encontrará la primera de doce partes de la película de Billy Wilder "La vida privada de Sherlock Holmes" en inglés sin subtítulos.



Para finalizar, por favor. Watson será escéptico, por obtuso (en este sentido me recuerda a mí mismo), pero cada vez que se da cuenta de su propia "imaginación limitada" (cuasi-cita que hago a Wilder), no le queda más remedio que reconocer la grandeza de Holmes y, no lo olvidemos además, Watson no tiene un mejor amigo que Sherlock y Sherlock, diga lo que diga y haga lo que haga, no tiene un mejor amigo que John Watson, doctor en medicina.









Imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/d/d6/Private_Life_of_Sherlock_Holmes_1970.jpg

viernes, 31 de julio de 2009

Número 50: Los best-sellers y yo...


Pues, tiempo atrás escribí que yo huía de los best-sellers. La verdad, solamente el término se me hace desagradable: "best-seller". El mejor vendido. Asocia literatura con comercio. En todo caso, no es algo tan insólito ni mucho menos inaudito (¿cometeré un pleonasmo con mi anterior aseveración?), los artistas necesitaron mecenas en el pasado y algunos vendieron sus obras a muy buenos precios; pero quizás la diferencia estribe en que una cosa sea vender una obra que sea honesta, que salga de las mismas entrañas del autor, y otra muy distinta sea crear para complacer al público, darles exactamente lo que quieren; y lo que más me molesta: facilitarles las cosas.

Pero, creo que debo de reconocer que fruto de mis últimas lecturas he llegado a la conclusión de que no todos los best-sellers son tan malos, así como no todas las supuestas obras trascendentales son tan buenas.

A lo mejor, todo depende de llamarle a las cosas por su nombre.

Por ejemplo, cuando leí "Tiburón" (Jaws de Peter Benchley) lo disfruté muchísimo. Me pareció que los personajes estaban bien caracterizados (un aspecto que me importa mucho), me llamaron la atención todas las subtramas y, además, la lectura fue amena. No me pareció que la obra careciera de inteligencia, todo lo contrario, se me hizo bastante ingeniosa. El suspenso se mantuvo todo el tiempo y, alcanzando el final, fue terriblemente emocionante. Pero, aún tomando en cuenta todos los elogios que le pueda hacer, Tiburón sigue siendo un best-seller.

Cuando el año pasado leí "El Exorcista" de William Peter Blatty, sabía que era un best-seller. No por eso, sin embargo, dejo de impresionarme la excelencia de la narración, la delicadeza con que estaban tejidas las sub-tramas y sus personajes de un carácter magnífico. Fue emocionante leer la obra. Quizás no me hizo reflexionar acerca de demasiadas cosas, aún cuando sí sobre algunas, pero fue una lectura con cierto fondo.

Ahora que estoy leyendo las obras de Sherlock Holmes escritas por Arthur Conan Doyle, se repite el fenómeno de la amenidad. La paso muy bien leyéndolas, aún cuando sé que todas responden a ciertos esquemas que están ahí para complacer a determinado público. Pero no me parece que por ello, las aventuras de Holmes sean algo descerebrado. Quizás, simplemente, no son tan pedantes ni tan sutiles como algunas otras obras que me han movido más a la reflexión, pero de ninguna manera son un churro (dele clic y lea la acepción tres que nos presenta el wikcionario...).

Vaya, sólo por si no quieren darle clic, el wikcionario, en su acepción número tres de "churro" reza así: "Obra de mala calidad." Y creo que he aquí la diferencia primordial, el límite que separa unos best-sellers de otros, así como algunos libros pesos pesados de otros supuestamente "heavies" (según la tercera acepción que nos da wordreference de heavy: "duro, fuerte, exagerado"). Todo es una cuestión de calidad, y quizás de perspectiva, no queda más que citar al buen Lex Luthor en la voz de Gene Hackman recitando una línea posiblemente escrita por Mario Puzo en el filme Superman de 1978: "Some people can read War and Peace and come away thinking it's a simple adventure story. Others can read the ingredients on a chewing gum wrapper and unlock the secrets of the universe."




jueves, 25 de junio de 2009

Número 49: La mesa de saldos


El cazador de libros ama las librerías de usados del centro (con ciertas excepciones), así como los puestos ambulantes de la U. Pero lo que más ama de los locales y los puestos informales son sus mesas de saldo, aún cuando en los segundos no hay tal mesa (salvo que se apropien de una que está en el S-1...). Los libros de 5 y 10 quetzales son como un maná (no ese grupúsculo clon de The Police sino el fruto caído del cielo).

A través de esas gangas he conocido la obra, por ejemplo, de autores como Roald Dahl, André Maurois, Patricia Barbadillo; todos representantes de la literatura infantil. Como he leído otras obras de este tipo, algún día podría escribir acerca de ellas; como siempre (y como dijera la siempre bien ponderada Filis) mi nunca humilde opinión y sí muy subjetiva, claro está.

Por otra parte, he encontrado obras de escritores interesantes (y algunos dirían trascendentales) como Mariano Azuela, Alejo Carpentier, Anthony Burgess.

Me he iniciado además, poco a poco, en la literatura policíaca. De eso también tendríamos que hablar más adelante... que si no fuera tan inconstante, hablaríamos de muchas cosas, pero si algo me ha demostrado este blog, a diferencia de LAP (como ha pasado tanto tiempo, aclaro Las Aventuras de Petoulqui), es que tiene lectores todo el tiempo (reitero que creo se debe a los temas que trato: los libros), y que parece que es un espacio atemporal, los posts se quedan para ser consultados indefinidamente.

Ah, pero este post se titula las mesas de saldos no por las librerías de usados ni por los puestos ambulantes sino por los saldos de las librerías de gran envergadura. He saboreado las mieles de los saldos de algunas de éstas y me he encontrado con algunas joyas inmersas entre montones de ediciones de bajo presupuesto y demás menudos. Por ejemplo, una edición adaptada para niños de Guillermo Tell de la casa Anaya, con unas láminas impresionantes y una presentación de lujo, devaluada aparentemente porque la sobrecubierta (cito de wikipedia porque también algo aprendí hoy "La sobrecubierta o forro de un libro es un envoltorio rectangular de papel, cartulina u otro material similar que cubre la tapa y la contratapa...") estaba algo sucia. Y también una colección titulada "Novelas del Verano" de la Plaza y Janes, si no me equivoco, que contiene entre su lista obras policíacas y la fantástica "Daisy Miller" de Henry James. Unas ediciones de una tal Biblioteca Aventuras, con unas muy buenas traducciones de obras de Rudyard Kipling, todas llenas de errores tipográficos, eso sí, y una obra analítica sobre literatura infantil, también de la Anaya.

Estoy convencido de que es posible conseguir buenas ediciones a precios cómodos. Lamentablemente para nosotros, adictos a los libros, el problema es que a menor precio, mayor cantidad de volúmenes queremos comprar. Pero el cazador de libros está dispuesto a ser un paria social con tal de acumular montones de libros que, de todas maneras, quizás nunca lea, jajajajajajajajaja, porque en último caso, los libros siempre serán primero, jajajajajajajajaja.




miércoles, 24 de junio de 2009

Número 48: Soy un lector malísimo



Como dijera Antonio Salieri, citado por Alf, en el programa de TV homónimo (Alf, no Antonio Salieri), "¿Por qué me diste el deseo pero no el talento?"

Nunca he sido un gran lector y justo es señalar que, en realidad, nunca he sido un buen lector, lo que es igual a decir que he sido (y soy) un mal lector. Llevado al superlativo: soy un lector malísimo.

Leo lentamente. Aún cuando prefiero el término "morosamente", suena más exótico, como dijera mi maestro de Moral y Ética. Y no leo todo lo que quisiera, ni lo que debiera, según me dicta mi ética libresca.

Es más, he mentido acerca de lo que he leído, ya verán porqué lo digo. Cuando estaba en sexto primaria, allá por el año de 1992, parte del examen final de Idioma Español consistía en leer un libro completo, y nuestro maestro, que en mis palabras de niño era "re-buena onda", se tomó la precaución de indicarnos que una revista de Selecciones de Reader´s Digest de ninguna manera podía ser tomada como dicho libro (o como ninguno a fin de cuentas), precaución que yo he conservado hasta la fecha, motivo por el cual uno de mis mayores conflictos con mi progenitor es con respecto a las mentadas revistas del Digest, en cuanto a que muchas veces preferiría hacerles corte marcial y ejecutarlas para tener más espacio para los "verdaderos" libros.

Ah, pero ya empecé a divagar, como siempre. El hecho es que teníamos que leer un libro y yo escogí "La guerra de los mundos" de H.G. Wells, y en el examen final hice un resumen (no recuerdo que nos pidieran una síntesis, pero bien pude hacer una síntesis, o creer que la hacía, como siempre he creído que hago un resumen al hacer una síntesis y viceversa) de la novela de ciencia ficción mencionada. Y gané el examen, por supuesto. Y por muchos años se creyó que ya había yo leído la obra. Pero qué creen, amigos lectores, nunca he leído "La guerra de los mundos" (al menos completa, porque esa edición de la Bruguera que tengo sería suficiente para matar del aburrimiento al más docto).

Ese mismo año había leído, eso sí, un libro titulado "El relato de un náufrago" de un tal Gabriel García Márquez que creo, en parte, debió ser motivo de mi antipatía por el Gabo, así como cuando, también de niño traté de leer "Leyendas de Guatemala" de Miguel Ángel Asturias y comenzó mi aversión por las obras del Moyas. También leí un libro titulado "Por todos los dioses" de un escritor español, ¿cómo era qué se llamaba? Ah, sí, Ramón García Domínguez, obra con la que confirmé mi amor por la mitología griega. Y me devoré un librito de la Sopena para niños: Cuentos de Grimm. Pero de la obra de Wells, nanai. Sí, ya leí "La máquina del tiempo" y "El hombre invisible", pero la de los marcianos, nel.

Y no digamos ya que estaba en secundaria. En básicos sólo leí completos "El Visitador" de José Milla y Vidaurre (y sin que me obligaran, eso sí, La hija del adelantado), Los árboles mueren de pie de Casona y... creo que nada más. No digo pues, soy un lector malísimo.

Parece que solamente hace falta que me digan que es obligatorio que lea un libro para que no lo lea.

Recién estoy tratando de ponerme al día en cuanto a mi cultura general con todo lo que medio leí, mal leí o nunca leí.

Ah, y para terminar, una última anécdota de mi maetro re-buena onda. Ese mismo año de 1992 trató de fomentar en nosotros el hábito de la lectura, así que nos puso como ejemplo la novela "Tiburón" (Jaws de Peter Benchley), nos comentó que el primer capítulo de la novela solo era más emocionante que toda la película en sí. Y le preguntó a uno de nuestros compañeros, cuyo padre era amigo suyo y contemporáneo, que si alguna vez había tratado de leer el librejo aquel (supongo que el padre de mi compañero habría sido quien le prestara la novela a mi maestro), y mi compañero sólo respondió que el libro le había parecido larguísimo, creo que su expresión fue "es grandísimo", debido a lo cual yo me imaginé una edición tipo Biblia de la Colunga.

Y ahora, 17 años después, un lector malísimo en una de sus incursiones a las librerías de usados se encontró el libro, y tras portarse algo reticente, al final lo compró y lo está leyendo y, oh sorpresa, ni parece Biblia ni ofrece ninguna resistencia. Es un best-seller de lo más dócil, como era de imaginarse. Ah, y mi maestro tenía razón, el primer capítulo sí que es mejor que la película.




Imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/5a/War-of-the-worlds-tripod.jpg

martes, 2 de junio de 2009

Número 47: La Violeta del Prater


Una amiga muy querida me recomendó que re-publicará aquí esta pequeña reseña acerca de un libro que es inmensamente significativo para mí. Espero que sea de su agrado:



“La Violeta del Prater” de Christopher Isherwood


A veces, lo mejor de un libro no es solamente su contenido sino lo que éste le permite a uno conocer acerca de su autor.

En el caso que nos ocupa, el señor Christopher Isherwood, buen caballero inglés y “mommy´s boy” (esto último según el brillante director de cine austriaco, Friedrich Bergmann), nos narra con toda naturalidad cómo fue su experiencia en el séptimo arte, cuando fungió como asistente de director (realizando correcciones al guión) durante la filmación de La Violeta del Prater.

La novela comienza con una llamada telefónica; el empleo de corrector le es ofrecido (casi impuesto) a Isherwood para compensar el pobre dominio del inglés por parte de Bergmann, pues el joven escritor inglés, aún cuando completamente inexperto en el mundo del cine, habla alemán y ha vivido unos años en Berlín.

A partir de este punto presenciamos cómo el protagonista/autor, Isherwood, va quedando atrapado en la “máquina infernal” que, según Bergmann, es una película: “Una vez que la enciendes y la pones en marcha da vueltas con tremendo dinamismo. No puede parar. No puede pedir excusas. No puede retractarse de nada. No puede esperar a que uno lo entienda. No puede explicarse a sí mismo. Lo único que puede hacer es ir madurando hacia la inevitable explosión. Esta explosión nosotros tenemos que prepararla, como anarquistas, con la mayor habilidad y malignidad...”

Aparentemente, la razón por la cual Bergmann e Isherwood congenian es que, a pesar de que el primero conoce y domina los hilos de los estudios cinematográficos, necesita aún de una persona que no esté contaminada por este ambiente: “...es usted inocente. Y esa inocencia es la que yo necesito para que me ayude... Voy a dedicarme a corromperle a usted.” Le dice Bergmann a su asistente, pero a mi criterio, él necesita de Isherwood para no corromperse. “Somos como dos hombres casados que se encuentran en una casa de putas.” Le advierte el maduro director al joven escritor al salir de un almuerzo de negocios con el dueño de la empresa cinematográfica Imperial Bulldog, el señor Chatsworth.

Cronológicamente, Isherwood, plantea la historia justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Bergmann ha tenido que buscar refugio en Gran Bretaña, alejándose de su esposa e hija, quienes han quedado en Austria. El director, con su visión de izquierda y su apellido de origen sonoramente judío, advierte el peligro que conlleva el nazismo, no solamente para él sino para toda Europa, y profetiza el desastre que se avecina, como una especie de Cassandra que nadie escucha... excepto Isherwood, quien poco a poco va despertando de su actitud de indiferencia mecánica (cuasi-inconsciencia), tan representativa de la flema británica.

Para ilustrar lo anterior, las palabras de Bergmann refiriéndose a Ashmeade, el corrector oficial de guiones de Imperial Bulldog: “Le diré: ese paraguas que lleva a mí me parece sumamente simbólico... Este pomposo paraguas es la varita mágica de los ingleses, con la que tratarán de desaparecer a Hitler. Y cuando Hitler, como un maleducado que es, se niegue a desaparecer, el inglés abrirá su paraguas y dirá: ‘Bueno, ¿y a mí que más me da que llueva un poco?’ Pero lo malo es que la lluvia será una lluvia de bombas y de sangre, y el paraguas no es impermeable a las bombas.”

Otro personaje de interés es Lawrence Dwight, el montador jefe de la película, cuya filosofía de la vida se puede resumir en las siguientes líneas:
“-...Vosotros los escritores tenéis una maldita actitud romántica, y pensáis que sois demasiado buenos para el cine. Pero no lo creas, es al revés, es el cine el que es demasiado bueno para vosotros...
-...Los únicos que tienen verdadera importancia son los técnicos... saben lo qué quieren... eficiencia... hacer un trabajo por el trabajo mismo... El incentivo es luchar contra la anarquía. Ese es el motivo de la vida humana: sacar a la vida de su confusión natural. Crear normas, pautas... Por las pautas mismas. Por crear significado ¿Qué otra cosa hay?”

A través de personajes simbólicos y magníficas metáforas, Christopher Isherwood nos relata una historia inteligente, que logra interesar al lector a través de su narración sin capítulos. El argumento de la novela está basado en la experiencia real de Isherwood durante el rodaje de Little Friend de la Gaumont Film Company, bajo la dirección del director austriaco Berthold Viertel, en 1934.




Isherwood, Christopher. La Violeta del Prater. Alianza Editorial Mexicana. México, 1990. p.p. 152


(Originalmente publicado en la revista LunaPark)


Imagen: Actualmente no logro encontrar el link de procedencia. Definitivamente la imagen no es mía, pero es idéntica a la portada del libro que leí.

miércoles, 1 de abril de 2009

Número 46: Fahrenheit 451


Como hace no sé cuanto tiempo que no posteo y como esta reseña nunca llegó a publicarse en la revista para la cual fue escrita. He aquí:


Entre las novelas de ficción distópica, Fahrenheit 451 de Ray Bradbury ocupa un lugar privilegiado.

Pero, ¿qué es la ficción distópica? Contrapuesto a lo utópico encontramos lo distópico; son antónimos. Si una utopía se define como una sociedad perfecta que no se encuentra en ningún lugar (real, al menos), una distopía es una sociedad aparentemente perfecta, eminentemente imperfecta si se la examina detenidamente, y cuya población mayoritaria vive oprimida y, en la generalidad de los casos, adormecida por los medios de comunicación y la propaganda de la clase dominante.

Algo interesante de Fahrenheit 451 es que la masa social, adicta a programas televisivos (similares a los “reality shows” actuales) y a la comunicación, por medio de la TV, con personas a quienes no conocen realmente (como suele suceder a los usuarios de los “chat rooms”) no lee, a su vez, sino “... historietas, las viejas y buenas confesiones, los periódicos comerciales.” Es decir, se trata de una sociedad conformada por analfabetas funcionales. Todo lo anterior le otorga cierto aire de actualidad y no deja de asombrar la exactitud de la previsión por parte de Bradbury, tomando en cuenta que la novela data de 1953.

El protagonista de la historia, Guy Montag, es un bombero (“fireman” en inglés. Haciendo alusión al paradójico giro que en esta sociedad distópica ha tenido la profesión de bombero, Montag y sus colegas son verdaderos “hombres de fuego”, cuya función es incendiar los libros que se encuentran censurados por el sistema). La vida de Montag, aparentemente tranquila y satisfactoria, entra en crisis cuando una vecina suya, una adolescente cuyo nombre es Clarisse McClellan, le hace la sencilla pregunta, “¿Es usted feliz?” Todas las dudas que Montag ha albergado a lo largo de los años le asaltan de pronto y no le dan cuartel, hasta hacerlo cuestionar, por completo, el sistema en el cual se desenvuelve, y a sí mismo como individuo.

El hecho de que trate el tema de la censura hace interesante a la novela, tanto para quienes son afines a la lectura cuanto para quienes tienen el hábito de poner por escrito sus pensamientos y sentimientos. Es asombrosa la cantidad de libros que han sido censurados a través de la historia en distintas latitudes, así que la idea no está tan alejada de la realidad, basta con escribir “List of books banned by governments” en el “motor de búsqueda” para que aparezcan muchísimas enumeraciones de obras prohibidas por distintas razones. Pero, más allá de la prohibición estatal, como dice el capitán Beatty, el jefe de Montag, “No comenzó en el gobierno. No hubo órdenes, ni declaraciones, ni censura en un principio, ¡no! La tecnología, la explotación en masa, y la presión de las minorías provocó todo esto, por suerte.” “-... ¿y los bomberos?” Pregunta Montag... habrá que leer el libro para saberlo... a menos que lo quemen antes.